EE.UU. afirma que ha construido los Programas digitales en el extranjero con un ojo en la política

Por RON NIXON

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Rajiv Shah, administrador de la Agencia para el Desarrollo Internacional, declaró este mes sobre el Programa como Twitter de la agencia en Cuba. Crédito Win McNamee / Getty Images

WASHINGTON – Estados Unidos construyó programas de redes sociales como Twitter en Afganistán y Pakistán, al igual que uno en Cuba, que estuvieron dirigidos a fomentar el debate político abierto, dijeron el viernes funcionarios de la administración Obama. Pero al igual que el programa en Cuba, que fue ampliamente ridiculizado cuando se hizo público este mes, los servicios en Pakistán y Afganistán cerraron después de que se quedaron sin dinero, porque la administración no podía hacerlos autosuficientes.
En los tres casos, los funcionarios estadounidenses parecían carecer de una estrategia a largo plazo para los programas más allá de proporcionarles dinero para iniciarlos.
Los funcionarios del gobierno también dijeron el viernes que había habido programas similares en docenas de otros países, incluyendo el proyecto “Si, la Juventud Puede” en Kenia, que todavía estaba activo. Los funcionarios también dijeron que tenían planes para iniciar proyectos en Nigeria y Zimbabue. Algunos programas funcionan abiertamente con el conocimiento de los gobiernos extranjeros, pero otros no han sido revelados públicamente.
El proyecto en Kenya, al igual que el programa de Cuba, es el trabajo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Los proyectos en Afganistán y Pakistán se llevaron a cabo por el Departamento de Estado. Todos estos programas han sido objeto del mayor escrutinio desde que el gobierno reconoció la existencia de un programa similar a Twitter, en Cuba, que funcionó desde 2008 hasta 2012, cuando se terminó abruptamente, al parecer debido a que un contrato para la puesta en marcha de un sistema de mensajería, que se puso en marcha son $ 1.3 millones de dólares, se quedó sin dinero.
La Associated Press, que publicó por primera vez un artículo detallado sobre el Programa de Cuba, informó que se creó para fomentar la disidencia política en la isla. Pero funcionarios de la administración, al tiempo que reconocieron que fueron discretos sobre el programa cuando estaba en vigor, dijeron que se creó para proporcionar a los cubanos una plataforma para compartir ideas e intercambiar información.
Los funcionarios del gobierno no proporcionaron información sobre el propósito y el alcance del programa de Afganistán, el cual no había sido revelado previamente. En cambio, en 2009, Hillary Rodham Clinton, la secretaria de Estado, anunció el programa Pakistaní, durante una reunión con estudiantes en Lahore, Pakistán. El Departamento de Estado trabajó con compañías de telecomunicaciones de Pakistán para crear la red.
Llamado Humari Awaz o Nuestras Voces, el programa se ha ejecutado fuera de la oficina de Richard C. Holbrooke, enviado especial del presidente Obama para Afganistán y Pakistán, que murió en 2010. El propósito del programa, de acuerdo con personas que trabajaron en él, fue proporcionar una plataforma que utilizando la mensajería para ayudar a los paquistaníes a construir redes móviles en torno a sus intereses compartidos.
Los funcionarios del Departamento de Estado dijeron que, en su mejor momento, el programa costó alrededor de $ 1 millón y conectó a más de un millón de personas que enviaron más de 350 millones de mensajes. Los usuarios del servicio podían inscribirse usando su información personal o permanecer en el anonimato.
El servicio fue utilizado por un segmento diverso de la sociedad pakistaní, según las personas que dirigían el programa. Los agricultores lo utilizaron para compartir los precios de mercado. Las organizaciones noticiosas lo usaron para llegar a los lectores. La gente lo utilizó para conectarse y compartir información como los resultados del cricket.
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State Dept-funded program installs alternative networks abroad

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While some security experts have recently accused the United States government of undermining the infrastructure and integrity of the web, the State Department is helping fund a project that lets people connect and communicate over alternative networks.
Since last June, revelations about the US National Security Agency and how it goes about getting intelligence from foreign suspects have continued to surface, in turn rekindling all too routinely allegations about how the internet has been practically obliterated by the NSA.
Leaked intelligence documents disclosed to the media during that span by former NSA contractor Edward Snowden have indeed impacted the way the world sees the American government with regards to protecting a medium of communication that continues to grow. But while these heightened concerns about online privacy are without a doubt warranted thanks to Mr. Snowden’s revelations, one former government official now tells the New York Times that a project largely funded by the Department of State is actually making it easier for people in certain parts of the world to communicate and collaborate over a parallel internet of sorts.
“Exactly at the time that the NSA was developing the technology that Snowden has disclosed, the State Department was funding some of the most powerful digital tools to protect freedom of expression around the world,” Ben Scott told the New York Times for an article published in Monday’s paper. According to Scott — a former State Dept. official who helped the agency get involved in a program that is putting the web back into the hands of the people — the US government has actually been playing a pivotal role in letting new parts of the world become networked. Sigue leyendo

Secret Programs Hurt Aid Efforts

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Peter Kornbluh is the director the Cuba Documentation Project at the National Security Archive. He is the co-author of the forthcoming, “Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations Between Washington and Havana.”

 

April 15, 2014
There is a world of difference between American foreign assistance programs that openly support democratic development, human rights and socioeconomic progress, and the type of clandestine operations aimed at regime change that United States Agency for International Development has been running under the guise of a “democracy” promotion program in Cuba. Those programs are not only counterproductive, they are an abject violation of Cuba’s sovereignty, undermine American interests in Cuba’s slow but steady political and economic transition, and endanger the legitimate missions of U.S.A.I.D. around the world.
U.S.A.I.D. was created in 1961 to help the United States win the “hearts and minds” of citizens in poor countries through civic action, economic aid and humanitarian assistance. As a cold war policy tool, the agency was, at times, used as a front for C.I.A. operations and operatives. Among the most infamous examples was the Office of Public Safety, a U.S.A.I.D. police training program in the Southern Cone that also trained torturers.
Regime-change programs have a negative impact on the legitimacy of U.S.A.I.D.’s own core missions.
In the 21st century, U.S.A.I.D. has overcome its tainted legacy and undertaken humanitarian, political and economic work around the globe. It runs democracy promotion efforts from Afghanistan to Kenya — building political leadership capacity, electoral education and registration programs, and judicial reform projects — with little controversy. It is when U.S.A.I.D. undertakes “discreet” regime change operations that it runs into trouble. Indeed, its Office of Transition Initiatives now seems to be competing with, or at least complementing, the C.I.A. on hi-tech propaganda and destabilization programs in Cuba, if not elsewhere as well.
Regime-change programs have a negative impact on larger U.S. foreign policy interests as well as on the legitimacy of U.S.A.I.D.’s own core missions to advance global health and economic welfare. At a Senate hearing on U.S.A.I.D.’s budget last week, Senator Patrick Leahy told the agency’s administrator, Rajiv Shah, that his oversight committee was receiving “lots of emails” from aid workers around the world asking this question: “How could they do this and put us in such danger?” The solution is simple: ban U.S.A.I.D. from conducting such covert operations in the name of advancing democracy.

Tomado del diario The New York Times

http://www.nytimes.com/roomfordebate/2014/04/15/when-is-foreign-aid-meddling/secret-programs-hurt-foreign-aid-efforts

 

Obama, Heartbleed y la delincuencia digital.

El Presidente de EE.UU. autorizó a la NSA a robar información de servidores en Internet.

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• La NSA habría accedido a nombres y contraseñas de cuentas de Facebook, Gmail, Instagram, Google, Yahoo, Dropbox, Soundcloud y otros servicios de redes sociales, de intercambio de imágenes, de música y blogs.
• Según el NYT aprovechando una “falla de seguridad” en un programa para servidores en Internet, conocida como Heartbleed, la NSA obtuvo las claves de acceso de millones de usuarios en EE.UU. y el mundo.
• La administración Obama al no alertar sobre esta “falla de seguridad” pudo haber dejado desprotegidos a los usuarios de Internet de todo el mundo frente a las actividades de delincuentes cibernéticos.
• De confirmarse los informes difundidos por The New York Times, las coartadas del mandatario estadounidense de que no conocía los vastos dispositivos desarrollados por la NSA para el espionaje masivo se vendrían abajo.

De acuerdo con informes difundidos ayer por The New York Times, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, autorizó a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) que sacara ventaja del descubrimiento de fallas de seguridad en un programa para servidores de Internet que podrían revelar las claves personales de decenas de millones de usuarios y que, en vez de dar aviso a los desarrolladores de ese sistema y al público en general, los aprovechara para espiar a un número indeterminado de personas, empresas y gobiernos.
La falla mencionada, conocida como Heartbleed (corazón sangrante) y dada a conocer apenas la semana pasada, permite el robo de información cifrada almacenada en servidores, como nombres y contraseñas de cuentas de Facebook, Gmail, Instagram, Google, Yahoo, Dropbox, Soundcloud y otros servicios de redes sociales, de intercambio de imágenes, de música y blogs.
En la catarata de revelaciones sobre las actividades de vigilancia furtiva –e ilegal, según las legislaciones de muchos países– puesta en práctica por el gobierno de Estados Unidos, ésta es la primera que involucra directamente al mandatario de ese país; antes de ella, Obama ha podido argumentar que no conocía los detalles de los vastos dispositivos de espionaje desarrollados por la NSA que se han dado a conocer desde junio del año pasado, cuando el ex contratista de esa dependencia Edward Snowden los filtró al público. En consecuencia, el huésped de la Casa Blanca se ve colocado en una situación mucho más frágil por cuanto, de confirmarse el señalamiento, sus coartadas en el tema del espionaje masivo se vendrían abajo.
Una implicación mucho más grave de la información difundida ayer por The New York Times es que el gobierno de Washington, en su afán de obtener en forma ilícita información confidencial de individuos, corporaciones e instituciones oficiales, pudo haber dejado desprotegidos a los usuarios de Internet de todo el mundo frente a las actividades de delincuentes cibernéticos que han venido aprovechando la falla de seguridad en los servidores que utilizan OpenSSL para defraudar, extorsionar, suplantar identidades, obtener información para cometer secuestros y otro sinfín de ilegalidades.
En esta perspectiva, resulta grotesco el pretexto urdido por el gobierno estadunidense para justificar sus acciones de espionaje con base en una pretendida preocupación por la seguridad nacional cuando, para llevar a cabo esa vigilancia furtiva, se desentiende de procurar la seguridad a secas de sus ciudadanos, de sus empresas e incluso de sus propias dependencias de gobierno.
Lo que ha venido haciendo Washington, en suma, a juzgar por la información comentada, es aprovechar la misma zona oscura de los errores de programación y los mismos métodos que utiliza la criminalidad cibernética para atacar a sus víctimas, y ello retrata de manera preocupante, pero fiel, la bancarrota moral a que se ha ido dirigiendo el poder público estadunidense bajo la presidencia de Barack Obama.
Tomado de La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2014/04/14/opinion/002a1edi