El libro de Angel Carromero, una mentira que cabía en apenas 6 palabras.


Su propio libro es la prueba concluyente contra él mismo. 

Por Arnaldo M. Fernández, Broward.

 

En arrebato borgesiano, el popular komsomol Ángel Carromero ha sacado un libro de 224 páginas para meter una mentira de apenas seis palabras: “Sentí un impacto estruendoso por detrás.”

No hubo por detrás impacto alguno, ni estruendoso ni sordo, como se comprueba por simple inspección del parachoques trasero del auto que conducía Carromero por el oriente cubano el 22 de julio de 2012.

 Nada más que con la foto de vista trasera del auto accidentado se desmonta el grotesco espectáculo libresco Muerte bajo sospecha (Anaya, 2014), que acaba de lanzarse en Madrid, a unos 20 dólares el ejemplar, para timar a incautos.

Desde luego que la bandería de Carromero alegará desde que manipularon la foto o chapistearon el parachoques hasta que suplantaron el auto o recrearon el accidente en otro lugar. Pero la carromería jamás podrá explicar por qué Carromero desistió de la excusa que dio enseguida al sueco Aron Modig, quien a su vez se encargó de pasarla en mensaje de texto que la familia Payá vino a revelar tres meses después: “Ángel dice que un auto nos golpeó y nos sacó de la carretera.”

 ¡Mientes, Carromero!

Para exculparse así de matar imprudentemente a Oswaldo Payá y Harold Cepero, Carromero no tenía que contar que venía persiguiéndolos un auto “de la comunista”, sino tan sólo “que un auto nos golpeó”.

 Si esto hubiera sido verdad, el jurista español que coordinó su defensa en Cuba, José María Viñals, del bufete madrileño Lupicinio Abogados, hubiera solicitado el peritaje sencillo del parachoques trasero, en vez de los peritajes más complicados que pidió para determinar a qué velocidad venía Carromero.

   La ley cubana autorizaba sin cortapisas a solicitar aquel peritaje crucial o impugnar otro que aludiera al parachoques trasero intacto. Y Viñals dejó bien claro al diario español ABC que “los abogados pudimos estar a solas con Ángel mientras duró el procedimiento y preparar con él la defensa.”

 Si Carromero no insistió en defenderse con su excusa inicial fue porque era mentira. Y como esa mentira seminal no puede sostenerse sin otras, Carromero soltó que “a mi abogado lo vi una vez el día antes del juicio y pude hablar con él a solas 60 segundos por el descuido de un coronel. En ese momento le dije: ‘Pepe, en España saben que no ha sido un accidente, ¿verdad?’ Él me contestó que sí, pero que me mantuviera en la versión oficial.”

Carromero no solo contradice a su abogado, quien afirmó estar a solas con él para preparar la defensa, sino que hasta insinúa que se vendió a otros intereses, pero… ¿cómo pudo Pepe Viñals haberle dicho que se “mantuviera en la versión oficial”, si en el juicio la defensa pidió la absolución y echó la culpa al gobierno de Cuba, alegando que Carromero no venía a exceso de velocidad y la causa del accidente había sido la mala señalización de la vía?

 La prueba concluyente contra Carromero es su propio libro. Si fuera verdad que otro auto impactó por detrás, entonces Carromero habría confesado en Cuba bajo coacción. Y eso es tan inconstitucional que su caso podría replantear ante los tribunales españoles, pero Carromero no lo hace porque sabe perfectamente que citarían a Pepe Viñals como testigo y toda la patraña se vendría abajo.

 La versión carromerina de la muerte de Payá y Cepero se dio a imprenta porque el papel lo aguanta todo. Hasta que el libro de Carromero lleve como subtítulo “toda la verdad sobre el caso”.

 Coda

Carromero engañó a la familia Payá, emotivamente propensa a juzgar el accidente como asesinato político, para dárselas de inocente en circo mediático politiquero contra Castro. Así propició que aquella familia se embarcara en aberrante querella contra Castro y en peticiones alucinantes de investigación internacional, que quisieron incluir hasta en la declaración final de los disidentes cubanos reunidos el 26 de febrero en Casa de América (Madrid) con ánimo de coalición.

 Al rechazarse esta inclusión absurda, el Movimiento Cristiano Liberación reaccionó con que la declaración final era otro “aval para la impunidad” con que cuenta la tiranía castrista. Y al prologar el libro de quien mató a su padre, Rosa María Payá co-protagoniza uno de los espectáculos más grotescos de la disidencia a distancia, pasando por encima del precepto bíblico de que “no se tomará en cuenta a un solo testigo contra nadie en ningún delito” (Dt 19:15).

 Sumarse a la patraña de Carromero o tragársela es otro avatar de ese anticastrismo que exige militar al costo de volverse fanáticamente imbécil.

Tomado de Cubaencuentro de Madrid.

http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-libro-de-carromero-317449

http://www.abc.es/espana/20121229/abci-abogado-carromero-entrevista-201212291233.html

 

 

 

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