#Carlos Alberto Montaner, la tercera edad y el asesinato de #John F. Kennedy


MONTANER BLANCO Y NEGRO 1

Por Raúl Gómez

Nunca creí que cumplir 70 años tuviera un efecto tan devastador en él. El pasado 3 de abril de 2013, totalmente en contra de su voluntad y sin admitir celebraciones, mi amigo Carlos Alberto Montaner llegó de golpe a lo que tanto temía: la tercera edad. Les confieso que gradualmente lo había visto perder el pelo, el palo y todo lo que la vida nos va hurtando con el paso de los años; pero siempre conservé la esperanza –contra toda evidencia—, que este pudiera conservar, aunque fuera por inercia o por perro viejo,  al menos ciertos reflejos que le permitieran ejercer con dignidad el oficio de periodista. Reconozco que John F. Kennedy me mató esa ilusión. Ya les cuento.

Llegó el 22 de noviembre, aniversario cerrado en que se cumplen 50 años del asesinato del presidente más recordado y querido por los estadounidenses, y mi amigo Carlos Alberto, ni corto ni perezoso volvió a las andanzas. Por estas fechas, el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, como lo podría decir medio país, expresó en una entrevista para la cadena NBC: “A día de hoy, tengo serias dudas de que Lee Harvey Oswald actuara solo”. Suficiente para que Carlos Alberto consiguiera descifrar lo que Kerry –según Carlos, afirmaba a media lengua—, y le subieran a niveles de alarma la “castrofobia” y la “conspiromanía”; dos afecciones crónicas que él padece, que pueden ser letales a su edad.

A día de hoy,  ninguna persona seria considera creíble que si el gobierno de Estados Unidos –las sucesivas administraciones desde Johnson hasta Obama—, hubiese tenido la más mínima evidencia de que el gobierno de Castro estuviese ligado al asesinato de John F. Kennedy, no la hubiera usado como argumento para borrarlo de la faz de la tierra. La decisión de clasificar los documentos sobre el asesinato del Presidente Kennedy hasta el 2038, apuntan sin lugar a dudas en otra dirección: dentro de los propios EE.UU.

También es verdad que la fuerza del instinto de conservación es más poderosa que la que ejerce los músculos de la mandíbula. Por tanto, no es totalmente casual que Carlos Alberto haga el ridículo con su último artículo “JFK y Castro medio siglo más tarde”. Según me contara en cierta ocasión, una de las personas en EE.UU. a las que él más teme se llama Peter Kornbluch, alguien encargado del Proyecto de Documentación sobre Cuba en los Archivos de Seguridad Nacional. Tal vez por esos rasgos narcisistas y mesiánicos que Carlos guarda en el cofre de las frustraciones.

A confesión de parte. En el 2008, en fechas cercanas a su 65 cumpleaños me dijo: “Te imaginas Raúl, que después de más de medio siglo resistiendo a pie firme las denuncias del gobierno cubano de que yo soy un agente de la CIA,  vaya a aparecerse este burócrata de Kornbluch con un documento desclasificado del gobierno norteamericano donde me dejen con el recto al aire”. Creo que tiene razones Carlos Alberto para preocuparse, y por eso lo entiendo cuando escribe sandeces como las de su último artículo sobre el asesinato de Kennedy. Después de todo, es algo admitido en corte: la defensa es permitida.

PD: No deje de comprar su última novela Otra vez adiós. No sé por qué razón morbosa, pero los libros suelen subir de precio cuando los autores se van.

Tomado del blog El Combate de Raúl Gómez

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