Silvio Rodríguez reparó sueños en el barrio habanero de San Agustín (#Cuba #LaHabana #músicacubana)


Compartió escenario con “la divísima” Omara Portuondo, cantante de Buena Vista Social Club.

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Silvio tiene el oído pegado a la tierra como pidió Raúl. Eso dijo Iván, un jubilado del Ministerio del Interior, vecino de San Agustín que desde muy temprano se había apostado frente a la tarima a esperar al trovador. Silvio le dio  la razón cuando en medio del concierto dijo que la música tiene que estar al lado de quienes la inspiran, al lado del pueblo.

101-580x386El homenaje a José Martí, el “ideólogo fundamental que tenemos los cubanos”  según el trovador,  llegó enseguida de la mano de la canción Sólo el amor, que nació inspirada en una frase suya; la que, como tantas otras durante la velada, fue acompañada y tarareada por miles de voces.

En el concierto,  junto a miles de cubanos residentes o no en la capital habanera,  había  argentinos, brasileños, uruguayos, chilenos, nicaragüenses y de otros países latinoamericanos, integrantes de  una brigada de solidaridad que se encuentra en Cuba  y otros de la Escuela Latinoamericana de Medicina. Se hacían notar por el estribillo que cantaban durante la espera: “Pan y vino, pan y vino, pan y vino. El que no vino a ver a Silvio, ¿para qué carajo vino?”–.

Silvio parecía como si dejará por un momento recostada a un árbol la guitarra y se inclinara para pegar el oído a la tierra, cuando interpretó su Tonada del albedrío, cuyas estrofas son un homenaje a ese otro grande de nuestra américa que fue el Che Guevara y parecen haber sido escritas para el momento refundacional que hoy vive Cuba:  “Dijo Guevara el humano que ningún intelectual debe ser asalariado del pensamiento oficial. Debe dar tristeza y frío ser un hombre artificial, cabeza sin albedrío, corazón condicional”.

Canciones como Rabo de nube, Te doy una canción, La gota de rocío, Unicornio, Oleo de una mujer con sombrero, La era está pariendo un corazón y el  Reparador de sueños, se dejaron escuchar en la voz de Silvio, que esta vez estuvo acompañado solo por su guitarra.

Omara,  por su parte, a quien muchos apodan como “la divísima”, interpretó canciones cubanas antológicas como Lágrimas negras, Veinte años, Amigas, Dos gardenias y otras, con su inigualable voz, sabor y cubanía.

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El cierre tuvo toda la emoción de un gran parto; cuando Omara y Silvio,  interpretaron a dúo la canción “La era está pariendo un corazón”, con la que se cerraba el telón del concierto número 38 del cantautor por los barrios de La Habana y de otras ciudades del país y con la cual los dejo. Gracias Silvio, gracias Omara.

Con informaciones de agencias.

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